Contigo
Contigo J. S. Vita Todas las mañanas, tras abrir los ojos, entre la banalidad de las mismas noticias con distinto matiz y de las redes que se han vuelto tan repetitivas como la vida real, espero tu mensaje. Pues por alguna extraña razón, como si fuera una nueva regla social, mi día parece no iniciar hasta que no lo recibo. Tal vez soy solo yo, y no el mundo entero. Tras levantarme y escuchar lo que los cookies y algoritmos quieren que escuche, me preparo para desayunar algo con este desconcierto social y esta ansiedad personal sobre la cabeza: esa sensación de ver a tantos que “se me adelantan” en ese famoso camino del éxito —que ni siquiera existe—, de no sentir que estoy donde debería estar, de saber que no soy feliz. ¿Será mío todo esto? ¿O será solo otro esbozo de la presión social que, aún sin haber pasado diez minutos, ya está encima de mí, mientras acudo al baño? Para sentir que le importo a alguien, y sin pensarlo, voy a compartir esta foto de mi cocina. Qué más d...