Siempre ayer o mañana

 

SIEMPRE AYER O MAÑANA

J. S. Vita


Habían pasado ya treinta años y romper con aquello, simplemente, no podía. Cada vez parecía más evidente: Joel vivía o atrás o adelante, nunca en medio. Siempre en fuga de sí mismo, en todo momento y sin excepción.

Quién sabe si aquello era un nuevo padecimiento sin nombre o un trastorno extravagante de la atención —uno que nadie más experimentaba en el mundo—, pero él lo tenía claro: durante el amanecer pensaba en el atardecer, y al llegar éste, ya se inclinaba hacia la noche o hacia lo que quizá había hecho durante el día… si es que lo había hecho, pues tampoco de eso estaba seguro mientras la vida se le resbalaba entre los dedos.

Al comer, pensaba en lo que había desayunado, en lo que cenó un día atrás o en lo que habría de merendar.
Si estaba acompañado, hablaba de sus restaurantes favoritos, de lugares remotos recomendados en videos, revistas o redes: sitios donde decían que la comida era maravillosa, sublime, o donde alguna eventualidad lo había asombrado.
Pero nunca —nunca— pensaba en el plato que tenía frente a él, en el bocado que entraba en su boca, en la textura que realmente estaba experimentando.

Cuando besaba, pensaba en otros labios.
En los que ya no volvería a probar y que, embellecidos por la memoria, parecían más espectaculares de lo que realmente habían sido.
O en los labios más imposibles: los de alguna actriz, cantante o musa de pantalla que había visto en algún lado.
Pero jamás en los labios que rozaban en aquel instante a los suyos, en ese aliento que se fundía con el propio, o en esa piel presente que estaba ahí para él.

Mientras viajaba, recordaba vacaciones pasadas —momentos mágicos donde todo había parecido perfecto—, o imaginaba destinos nuevos: los populares, los exóticos, los baratos donde podría darse “una vida de rey” imaginaria.
Y pensaba también con quiénes le gustaría visitar esos sitios, con una precisión casi matemática.
Pero nunca podía sonreír al acompañante que tenía al lado ni acogerse a las pequeñas maravillas del lugar donde realmente estaba.
Su cuerpo viajaba; más su mente habitaba otros mapas.

Mientras veía una obra, pensaba en todas las obras que siempre quiso hacer.
Musicales espontáneos en el supermercado, canciones inventadas en la ducha, guiones que nunca escribió o que escribió mal. Analizaba sus fracasos, palabra por palabra, gesto por gesto, revisando el modo exacto en que debió haber triunfado.
Pero nunca estaba en la obra que acontecía frente a sus ojos, esa que pagó por ver, esa que vibraba ahí, ignorada.

Mientras bebía, pensaba en otras borracheras.
En aquellas frescas, memorables, llenas de pleitos, risas, malacopas y amigos.
Recordaba conversaciones enteras, casi con precisión de taquígrafo.
Pero no estaba en ese vaso, en esa fiesta, o en ese instante.
Y su trago real era apenas un trámite.

Cuando hablaba con cualquiera, proyectaba siempre sus planes o se extraviaba en su pasado.
Atrapado en lo lejano, nunca en el ahora.

De sus errores, ni qué decir.
Vivía definido por lo roto: reprochándose lo deshecho una y otra vez, intentando arreglar lo irreparable.

Gastaba no sólo la moneda del presente, sino también la del futuro, pues por más que uno quiera, no controla ni cambia a la gente.

Y así pasaban sus días: sin mayor acción, preocupado más por tener razón que por ser el protagonista de su propio tiempo, ese único préstamo que la vida concede sin devoluciones posibles.

Siempre queriendo sentirse dueño del mundo —quién sabe por qué—, lo cual solo lo volvía solitario, avaro e inmundo.

Mientras vivía, hablaba siempre de la vida de otros: conocidos, amigos o perfectos extraños.
Personas que había visto una vez hacía años, que probablemente ni recordaban su existencia.
Seguía su rastro a través de amigos, espectáculos o revistas indiscretas.
Describía sus defectos con exactitud quirúrgica, mientras los propios apenas, y lograba percibirlos.

Todo como si realmente los conociera.
Pero aquellos ni siquiera lo veían.
Para ellos, Joel era otro cualquiera.

¿Sería que hablaba de más?
¿O sería que algo en su mente se había roto sin advertencia posible?
No sabía, ni quería saber.

Solo sabía que había convertido los recuerdos en su tesoro máximo, y los anhelos en su alimento.
En el porqué de todo, el deseo para todo, como si no quedara otro paisaje más que el de un mundo feo.

Y sin darse cuenta —mientras media vida ya había transcurrido así, derramada, desperdiciada, discurrida frente a sus ojos—, estaba condenado sin saberlo a que el resto de la misma también se fuera por el retrete.

Y así, sin darse cuenta —mientras media vida se le había escurrido por entretiempos que no existían—, Joel empezó a desvanecerse del presente.

Al principio fue imperceptible: una ligera transparencia cuando alguien le hablaba, un eco donde debería haber voz, una demora mínima entre su parpadeo y el movimiento del mundo.
Como si su cuerpo obedeciera un ritmo y su alma otro distinto.

Hubo mañanas en que despertó sintiendo que había dormido en el ayer, y noches en que juraba que ya estaba viviendo el mañana.
Nunca hoy.
Nunca ese instante sagrado donde la vida realmente ocurre.

Con el tiempo, los demás comenzaron a sentirlo.
Cuando Joel caminaba por la calle, dejaba un olor a recuerdos.
Cuando hablaba, sus palabras llegaban tarde o temprano, pero jamás a tiempo.
Cuando intentaba abrazar a alguien, su tacto se desvanecía como humo que no aprendió a sostenerse.

Hasta que un día, simplemente, nadie pudo asegurar si Joel había estado allí alguna vez.
Porque vivir fuera del tiempo tiene un precio:
el mundo deja de verte…
y tú dejas de pertenecer al mundo.

Dicen algunos —los sensibles, los poquitos— que todavía, en ciertos atardeceres, si uno cierra los ojos, puede sentir a alguien suspirar justo detrás del hombro, como quien intenta alcanzarte y no sabe desde qué siglo extender la mano.

Ese, susurran, es Joel.
Condenado a recorrer los bordes del tiempo, buscando un presente que nunca aprendió a habitar.



Para todos aquellos que viven siempre ayer o mañana.
Y que por tanto nunca se han permitido existir, del todo en el hoy.
J. S. Vita


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