Se nos escapa la vida
Se nos escapa la vida
J. S. Vita
Entre copas, platos y ropas creímos que la estábamos
disfrutando.
Dimos por hecho que las formalidades y el ocio eran
el camino, porque nos hacían sentir bien… y buscábamos validez.
Y
esa, casi siempre, proviene de los demás.
Hicimos poco, porque el placer seduce:
te convence de que es
la razón del esfuerzo,
te engaña haciéndote creer que su
brillo es señal de éxito.
Pero nada es así.
La realidad es que, sentados, mirando la danza del día a día
—la
de los compromisos, la de las celebraciones, la de los fines que
nunca llegan—
permitimos que se nos escapara la única
oportunidad de ser alguien
y de dejar un legado.
Entre noticias, trabajo, vergüenzas y compromisos, se nos escapa
la vida.
Creemos que debemos complacer a los demás,
ser
héroes en historias ajenas,
auto engañados con la idea de que
hacer felices a otros
nos hará más felices de lo que nos haría
buscar nuestra propia plenitud.
La retórica cultural así lo augura,
y rompemos los límites
de nuestra bondad,
siempre que nos hagan sentir
especiales,
elegidos, necesarios.
Hemos hecho de la vergüenza nuestra guía,
y de los
compromisos, nuestro árbitro.
Se nos escapa la vida pensando en lo que poseemos,
cuando lo
único que realmente poseemos
es nuestro tiempo, nuestra salud
y
nuestras convicciones.
Pero el mundo nos ha engañado con
inventarios que no pesan nada,
y con ambiciones que nunca se
llenan.
Y se nos escapa la vida en un verso:
a algunos, por
aferrarnos a lo que escribimos;
atados a esto, mientras que
compartimos para reflexionar
esperanzados con que sirva para eso…
con que aporte, con que cambie algo quizás, y buscando lograr algo quizás entre aquello…
En tanto que a otros, se les ha ido ya, una parte quizás cuando menos, al otro lado de esto, leyendo precisamente este texto.
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